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“¡Oye, que Robbie Williams es un genio!”

23/10/2011

Hace casi dos años, en una merienda con unos amigos, empezó a sonar en la cafetería donde nos encontrábamos una canción de Robbie Williams. Una de las chicas presentes apuntó rápidamente: “- ¡Qué bueno es!”. La cara que puse debió ser muy significativa, porque acto seguido me espetó con fuerza: “-¡Oye, que Robbie Williams es un genio!”. Justo en ese momento, y cuando estaba intentando desarrollar en mi cabeza una respuesta convincentemente razonada, todo el mundo se levantó de la mesa, y se dispuso a salir porque la mayoría tenían que irse ya.

No obstante, desde entonces esa conversación ha venido varias veces a mi mente. Y casi siempre en una doble vertiente: en primer lugar, en relación a la ligereza con la que hoy en día se le concede a alguien el calificativo de ‘genio’, y en segundo lugar, en el funcionamiento de la industria de la música pop, capaz de generar ídolos a una velocidad pasmosa, que olvida, un tiempo después (casi) con la misma rapidez.

Advierto desde ya que este post no va a consistir en una crítica despiadada contra el señor Williams, porque siguiendo aquella máxima de ‘algo tendrá el agua cuando la bendicen’, es indudable que algunas cualidades tendrá un tipo cuya belleza y habilidades vocales están muy por debajo de su enorme éxito y de su abultadísima cuenta corriente.

En mi opinión, se trata de un cantante dotado de una fuerte personalidad, de un carisma indudable, simpático, y que cultiva esa imagen de ‘malote con buen fondo’ que resulta tan irresistible para demasiadas mujeres. Además, no dudo de su capacidad para el trabajo y de tener una predisposición envidiable.

No obstante, ninguna de las características anteriormente citadas son excepcionales. Ni siquiera poco frecuentes. Y muchísimo menos podrían llevarnos a otorgarle el calificativo de ‘genio’. Porque además, ni es compositor, ni tampoco es músico (su habilidad para tocar algún instrumento es desconocida) y es un letrista mediocre, salvo honrosas excepciones.

Lo que diferencia a Robbie de otros cantantes que no triunfaron, y que a su vez lo emparenta con tantas otras estrellas de la música pop que siguieron sus pasos antes y después de él, se reduce a haber tenido la habilidad de estar en el momento y en el lugar adecuado, y de haber sabido rodearse de un equipo (musical y sobre todo de marketing) excelente.

En su época en ‘Take That’, siempre estuvo a la sombra de Gary Barlow, éste sí un compositor y un músico notable, autor de casi todas las canciones del grupo, y ya en solitario, ‘tutelado’ por Guy Chambers, autor de la mayoría de sus canciones como solista. De hecho, finalizada su relación con Chambers, tuvo que volver a reunirse con la banda que le dio la fama, porque sus últimos discos en solitario distaban mucho del éxito de sus comienzos.

Como contraposición a la figura del pop star elevado por algunos a la categoría de ‘genio’, me gustaría recordar la figura del alguien que para mí sí merece, y con todas las letras, ese atributo. Y voy a centrarme en tratar de explicar el porqué. Y no, no voy a remontarme al siglo XIX para hablar de mi adorado Chopin, sino que me centraré en un músico que sigue en activo, a pesar de su avanzada edad: el gran, único e inimitable Ritchie Blackmore. Aunque ya veremos, más adelante, que tan inimitable no ha sido…

Ritchie Blackmore está considerado, unánimamente, como uno de los guitarristas más importantes de la historia de la música, además de uno de los más influyentes. Su gran formación como guitarrista clásico durante su infancia hizo que combinara esas técnicas con las propias del blues y el rock que conoció años después, creando una ‘fusión’ de elementos que ha tenido, a la postre, una influencia vital en el surgimiento de movimientos como el rock progresivo, el heavy metal y el power metal.

Además, en el caso de Blackmore, siempre han convivido las dos acepciones más populares del calificativo ‘genio’. No sólo ha sido siempre un compositor, músico e intérprete brillantísimo, sino que además, quienes lo han tratado han destacado siempre su carácter imposible. Conocido (precisamente por ello) por su apodo ‘Men in Black’, sus rabietas, sus conflictos constantes con los miembros de sus diferentes grupos, e incluso sus deserciones en medio de conciertos, dejando a todo el mundo (público y banda) colgado, son legendarias.

Pero su genialidad musical ha quedado patente en el éxito arrollador de casi todos los proyectos que ha emprendido.

Deep Purple

Banda británica legendaria donde las haya. Reunió a 5 músicos con personalidades muy distintas pero con un talento indiscutible. Pioneros del hard rock, del heavy metal y del rock progresivo, tuvieron un éxito arrollador y firmaron una discografía mítica.

Se caracterizaban por ser unos maestros de la improvisación en sus conciertos, para satisfacer el ego de 5 músicos excepcionales. Blackmore firmó con ellos el que quizá sea el riff de guitarra más famoso de la historia, además de una canciones más populares de la historia de la música moderna: ‘Smoke On The Water’.

 

 

Otra canción mítica de la formación clásica de los Purple es ‘Highway Star’, en la que destaca el solo clasicista de Blackmore y un solo de teclado, inspirado en el barroquismo de Bach.

 

 

La tercera de las canciones imprescindibles de la época dorada de la banda es ‘Child in Time’, en la que el cantante Ian Gillan demuestra su impresionante talento como vocalista.

 

 

Años después, tras varios cambios en la formación de la banda (con incorporaciones tan sobresalientes como las de David Coverdale y Glenn Hughes) y descontento con el rumbo musical que estaba tomando el grupo, Ritchie Blackmore decide dejar la banda de su vida para emprender un nuevo (y exitoso) proyecto.

Rainbow

En 1975 se separa de Deep Purple, coge a todos los miembros (menos el guitarrista, obviamente) del grupo Elf, y monta un proyecto personal del que surgirá el disco ‘Ritchie Blackmore’s Rainbow’. La canción ‘Man on the Silver Mountain’ es su primer hit. La nueva banda será una de las precursora de la introducción del ocultismo y los temas fantásticos en el hard rock y en el heavy metal. Y servirá para que el mundo entero conozca a un cantante que daría mucho que hablar en los años venideros: el recientemente fallecido Ronnie James Dio.

 

 

En Rainbow, Blackmore siguió combinando su estilo neoclásico con el blues y el rock, creando momentos inolvidables como éste:

 

 

Vuelta a Deep Purple

Tras los habituales y numerosos cambios en la formación (entre los que se incluyó al brillante y extravagante Graham Bonnet) Ritchie decide volver a Deep Purple con el resto de la formación clásica de la banda en 1984 para grabar el recordado Perfect Strangers.

 

 

En Deep Purple continuó, a pesar de los problemas (sobre todo con Ian Gillan, con el que la lucha de egos fue siempre imposible), hasta 1993, en el que publicaron el celebrado disco The Battle Rages On, considerado uno de los mejores de la historia del grupo, por ellos mismos.

 

 

En 1995 Blackmore revive a Rainbow siendo el único componente original de la banda para editar el excelente disco titulado ‘Strangers in us All’, en el que una cantante llamada Candice Night intervino haciendo los coros.

Blackmore’s Night

Ritchie intimó más de la cuenta con Candice (acabó por convertirla en su esposa) y juntos decidieron compartir su pasión por la música medieval creando un nuevo grupo, Blackmore’s Night, de música folk renacentista. Y también con gran éxito.

 

 

Su primer álbum, ‘Shadow of the Moon’ fue un éxito inmediato, especialmente en Europa. En los álbumes siguientes, se observa una mayor presencia de elementos rockeros sin perder su esencia folk. El grupo actúa en diversas ferias y festivales renacentistas y medievales. Ritchie parece que ha encontrado la felicidad junto a su nueva mujer con el estilo clásico con el que empezó a tocar la guitarra.

 

 

Como conclusión, Ritchie Blackmore siempre me ha parecido un verdadero genio, porque es un formidable compositor, músico, intérprete; porque ha sido pionero en la introducción de la música clásica en el rock, porque su influencia (como guitarrista y compositor) ha sido inmensa; y porque ha tenido éxito en todos los proyectos que ha liderado, por muy diferentes, y aparentemente contradictorios que éstos fueran. Sin la ‘tutela’ de ayuda de nadie más que de él mismo y siguiendo su propio instinto.

P.D. ¿Os acordáis que os dije al principio que Ritchie Blackmore no era del todo ‘inimitable’? Pues efectivamente, en los 80’s apareció un formidable guitarrista sueco llamado Yngwie Malmsteen, que posteriormente tuvo un notable éxito, y que siempre ha vivido obsesionado con Ritchie. No sólo hizo suyo el estilo, la indumentaria, y hasta la Fender Stratocaster color mostaza que casi siempre utilizaba Blackmore, sino que también fusionó la música clásica con el heavy metal.

 

 

El problema que siempre ha tenido Yngwie es que nunca ha sido un compositor excelente, y que siempre ha vivido pensando que era la reencarnación viviente de Paganini. El sueco es un guitarrista excesivo, que casi siempre ha buscado por encima de todo su lucimiento personal, tratando de demostrarnos con cada tema que toca mejor y más rápido que nadie. Y Blackmore era otra cosa. Como diría Guardiola, “cuestión de feeling” 😉

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2 comentarios leave one →
  1. Beltxi permalink
    28/10/2011 20:03

    Yo tambien me quedo con Blackmore, al Yngwie le tengo mania personal…

  2. 30/10/2011 22:24

    Nadie duda que Yngwie es un gran guitarrista pero, ¿es necesario que lo demuestre a cada instante?

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